Germinación: Preparando el despegue

Oct17
Germinación: Preparando el despegue

Ha llegado el momento más esperado por todos… cuando todas nuestras expectativas e ilusiones se ponen a prueba al dar comienzo a la etapa de cultivo. Nos hemos esforzado en preparar el mejor entorno posible para el nacimiento y próspero desarrollo de la nueva vida en nuestro jardín. Algunos experimentados, otros novatos, todos estaremos ansiosos para comenzar cuanto antes, minimizando todos los factores de riesgo y variables que inciden en la primera etapa, la de mayor fragilidad en la vida de la planta. Factores tales como el mejor suelo posible, con un sustrato liviano y rico en nutrientes, la humedad, la aireación, temperatura, control de insectos y limpieza del ambiente, etc.

Septiembre se decreta como la temporada ideal para poner en marcha la germinación, puesto que se tienden a elevar un poco las temperaturas nocturnas y aumentan las horas de luz, pues octubre ya tiene un fotoperiodo de crecimiento vegetativo.

Si se trata de tu primer cultivo, siempre es mejor comenzar con semillas más económicas, pero de plantas robustas y resistentes, tales como algunas genéticas skunk; que variedades más caras y delicadas, con un tipo de cultivo más complicado y menos tolerantes al estrés, tales como las haze. De esta manera podrás ir subiendo peldaños en tu escalafón de cultivo, donde la experiencia va formando al maestro, pues todo cultivo no está exento de dificultades de todo tipo. Y a medida que vayas acumulando “horas de vuelo”, podrás afrontar desafíos mayores con genéticas más difíciles, e ir probando distintos productos para mejorar la performance de tus plantas.

En el esperado período de germinación, la semilla transita por un proceso donde sale de su estado de latencia para transformarse en una delicada plántula, con sus primeras hojitas asomando y desarrollándose poco a poco. Pero para que esto pueda ocurrir, hay variables que inciden de forma directa, tales como estado de conservación de la semilla, y su madurez.

Germinando

La pequeña semilla, para germinar, necesita una temperatura entre los 21º a 24ºC, en un medio húmedo y oxigenado. En un sustrato encharcado, tendrá problemas para germinar, pues si bien tendrá la humedad que necesita, le faltará oxígeno. Es importante entonces conseguir un equilibrio entre humedad y oxígeno.

Un buen método para asegurar la germinación, ampliamente recomendada por bancos de semillas, consiste en depositar la semilla entre unas 10 hojitas de papel de cocina dobladas y humedecidas con un chorrito de agua, digamos unos 50 ml, cuidando que no se encharque, y almacenarlas entre dos platos, de tal manera que se conserve la humedad. Luego de unas 36 horas, lo abrimos y verificamos si ya asoma la radícula (pequeña raicilla), y si conserva la humedad. Un buen lugar para mantener los platos con la germinación, es sobre el refrigerador, puesto que el calor del motor produce una temperatura estable de unos 22ºC.

Germinación en plato

Otros métodos de germinación populares, son depositar la semilla entre algodones humedecidos, pero tiene el riesgo que la radícula se enrede entre las fibras del algodón y pueda mutilarse si no se tiene extremo cuidado al extraerla para plantarla posteriormente en el sustrato definitivo; y el último método es directamente en tierra, con el sustrato previamente humedecido y la semilla cubierta en 3 mm de tierra. Este método tiene la complejidad de conseguir una temperatura estable y la mantención de proporciones de humedad y oxígeno adecuadas.

En el caso de germinar semillas de distintas variedades, debes rotular cada genética con una etiqueta en el sustrato, para saber identificar cuál es cada una de ellas y poder realizar un seguimiento durante el proceso.

El proceso de germinación puede durar entre 24 horas y extenderse hasta 7 días o incluso más en algunos casos, según la variedad, el origen y el estado de conservación.

Si la semilla corresponde a una variedad autofloreciente (o automática), debemos utilizar de entrada macetas grandes y definitivas, pues tienen un ciclo de vida reducido y es importante no generar situaciones de estrés para ellas con el fin de obtener una mayor producción. En el caso de las variedades fotodependientes (feminizadas), la situaremos en macetas pequeñas, para ir trasplantándolas a medida que las raíces vayan expandiéndose en el sustrato, puesto que en estas plantas el ciclo es más largo, y es más importante aportar tierra nueva abonada, que el estrés que produce el trasplante.